jueves, 8 de abril de 2010

Artículo IV -Bosque de cenizas-

Imaginaos que un buen día se os ocurre la genial idea, de compraros un CD, (diría un casette, pero se que es algo muy en desuso, si es que el CD ya no lo está), con sonidos de la selva, o de un bosque; algo similar a los cánticos de los grandes cetáceos de los mares polares o a las bellísimas odas gregorianas.
Solo imaginarlo, sin ningún fin aparente: escucharlo en la cama para dormir mejor, ayudar a la relajación, crear un poco de buen ambiente mientras se disfruta de un buen libro; cualquier cosa. El caso es que estáis tan tranquilos escuchando el viento mecer las ramas de los árboles; el agua cristalina fluir libremente por entre el cauce del río, con total libertad, sin estar encadenada al camino trazado por una cañería o un dique de hormigón armado; los pájaros cantando; casi se puede sentir la suave brisa meciendo nuestros cabellos, o el cálido sol tiñendo lentamente nuestra piel, en una suave caricia que acaricia nuestro rostro. Pero de repente algo rompe esta "utopía"; un ruido desgarra el paraíso formado,( y no, no es la odiosa vecina del tercero tocando el piano, ni un maleducado joven con un agudo rift de guitarra en el piso de arriba)sino que de repente empiezan a oírse maquinarias; mientras el lastimero crujir de los árboles, indefensas victimas pasto de los buldózer, surca el aire; los animales rompen en desbandada; mientras un par de operarios charla acerca de si el gol decisivo del partido de ayer era o no jugada de orsay .

Esta "macabra sonata", puede parecer en un principio algo imposible, ¿no?, "siempre habrá bosques", ¿no es cierto?; la respuesta es no, cuando fue la ultima vez que os parasteis a pensar: ¿y si es la ultima vez que estoy en este bosque? (si es que alguna sea pensado tal cosa).
La deforestación con motivo de la necesidad de campos de cultivos para el hambriento horno que es esta sociedad capitalista, los incendios provocados, o el vertido indiscriminado de residuos, son solo algunas de las pocas causas que seguramente no guiaran hacia un futuro yermo y desarbolado; a menos que tomemos medidas. Bien es cierto que a nosotros no nos afectará, y a nuestros hijos tampoco, probablemente a nuestros nietos tampoco; pero algún día pasará. Los glaciares se derriten, las aves cambian su rumbo de migración, el clima varia, los paisajes mueren. El cambio climático como tal, esta mal expresado, ya que la gran mayoría de la gente lo toma como el fin de todo, y no es cierto, solo será el fin de la raza humana; "el fin de todo por tanto", ¿verdad?. Pues no, existió vida antes del ser humano, existe durante su existencia, y existirá tras su fin, si hay una cosa que nos ha debido quedar clara con el paso de los años, es que la naturaleza es extremadamente sabia, y que sus vástagos, desde la ameba mas insignificante, hasta el paquidermo más viejo, forma parte de un nexo, tan fuerte, que existirá por siempre, al contrario que nuestra raza; de la que la mayoría de sus integrantes se empeña en quemar el poco tiempo de vida que nos queda, ya que no somos más que una ligera época en la larga existencia del planeta tierra, poco más que un segundo en la longeva vida de esta esfera llena de una vida que cada vez se apaga más rápido.

jueves, 25 de marzo de 2010

Artículo III -Silencio a gritos-

Justicia para algunos, libertad para nadie, ese el lema que campa hoy en día, en especial entre los medios de comunicación y entre esa gran fuente de información y cultura llamada Internet. Si bien es cierto que en un mundo en el que la propiedad es efímera y prácticamente cualquier cosa puede ser plagiada sin mucha dificultad, es más que necesario un cuerpo cuyo único fin sea el velar por el cumplimiento de la ley; tan bien es más que notable, el hecho de que ese cuerpo no debería exceder su jurisdicción.

Es bien sabido por todos (o al menos por una buena parte de la población), el que la asociación que esta en plena guerra de desgaste contra la piratería y la falta de voluntad de la gente menos adinerada; también es cierto que en cuantiosas ocasiones, excede en gran parte su lugar dentro del sistema. Hasta el punto de creerse juez y jurado y actuar con una frialdad inquebrantable, de entre sus últimas "hazañas", esta el cebarse con la gente honrada (para variar en estos casos, como pensara la gran mayoría), en este caso el prohibir en ciertos locales el utilizar algo libre como es la radio; utilizado como un medio de comunicación capaz de traspasar cientos de kilómetros y la capacidad de llegar al corazón de cientos de personas, es un esperpento que roza la locura. De todos es sabido que de algo hay que comer y que uno debe defender lo que es suyo por derecho, pero como todas las cosas de la vida, debe hacerse en su justa medida, nunca hay que ser demasiado avaricioso; porque, como dice el dicho: "la avaricia rompe el saco".
Con esa excusa, un monitor de gimnasio, debería denunciar a la gente que tiene una bicicleta estática en su casa, porque pierde dinero con ello; y un cocinero de renombre estaría en su derecho de acusar de plagio a quien cocine en su propia cocina un guiso que el susodicho chef haya ideado para el deleite de los clientes de su restaurante minimalista mundialmente conocido.

¿Cual será el siguiente pasó que realicen los macabros engranajes de la maquinaria de la codicia?: ¿Denunciar a los asmáticos por "plagiar" la voz de Darth Vader al respirar?, ¿Acusar a una empresa de ascensores de corrupción, por emplear música ajena en las melodías de sus cabinas? Nos encontramos en una encrucijada, un callejón sin salida, en una sociedad en la que la libertad, la capacidad para decidir es como gritar, como gritar en silencio, sin que nadie pueda oír ni ayudar en nada. Aunque es posible un futuro mejor, harán falta grandes victorias en una noble y dura empresa, que como objetivo tiene la igualdad y como camino, una ardua travesía.

jueves, 18 de marzo de 2010

Artículo II - Rejas de cristal-

El tiempo transcurre lentamente, mientras el intenso azul del cielo es salpicado por nubes que se mecen lentamente en su incesante camino, guiadas por el viento. Los tenues rayos del sol traspasan la pequeña ventana del cuarto de baño de un apartamento de la gran ciudad, mientras en el suelo, cabizbaja, se encuentra una figura, consumida en la soledad de su ser. Mientras espera que la delgada puerta del lavabo sea lo suficientemente fuerte como para mantener intacto su pequeño refugio, su santuario. Acurruca sus mimos entre lo único que le queda en su triste existencia, sus pequeños, ajenos en parte al porqué del nuevo “juego” del día que consiste en esconderse en el lavabo con mamá. Ellos la miran temerosos, pero no les responde con su mirada antaño llena de vida y bondad; está ensimismada en su ser, pensando en si su arrebato de valor, durará lo suficiente para que todo aquello acabe, de si esa voz interior que le suplicaba una y otra vez que luchase a muerte por ellos y los salvase de la fútil ira que pendía sobre ellos tendría razón.

Atrás quedan los sollozos, la desesperación, el sufrimiento, el miedo, todo forma ahora una amalgama de sentimientos, que dan lugar a una espiral de lágrimas y alaridos en silencio. Reflejos de una muerte en vida, que se quedan en el silencio. Castigo, miedo, condena, dolor, son las espinas de la frágil flor que era su convivencia, ahora coronada por una corola marchita, que hace sentir el amor condenar.

Intenta conservar la calma, pero es inútil, cualquier ruido la sobresalta, ya que con toda seguridad, su pequeño bastión no sea capaz de soportar su furia; esa casa no es más que un coto de caza, él, el cazador, ella la presa.

Lo ha visto cientos de veces por televisión "una llamada es suficiente", piensa para sí; y agacha su rostro buscando el teléfono sostenido entre sus temblorosas y maltratadas manos,"Solo una llamada".
Solo una simple llamada, y el sufrimiento llegarían a su fin; no más excusas a los vecinos sobre moratones, no más mentiras en el médico sobre tontas caídas en casa, no más sufrimiento para los pequeños de la casa. Pero no, ese sueño, nunca llegará a ser una realidad, pues la libertad hoy no ha ido a trabajar, la libertad se ha quedado en la cama dormida, y no hará acto de presencia

Lentamente, ella, levanta su rostro alzando la vista hacia el cielo, a través de la ventana de su triste claustro, y mientras sus ojos envueltos en lágrimas, buscan cualquier distracción; la hipocresía luce ilesa triunfadora, cogida de la mano de la desidia, en una guerra que se ha perdido desde la primera batalla. Ella se maldice por seguir siendo el mártir que él ansia, por seguir llorando en soledad, por no luchar por su libertad.

Su voz no encontrará consuelo y ella, se encuentra sola e indefensa; solo tiene esperanza y amor incondicional como armas, para enfrentar a un enemigo tan voluble y letal como lo es el miedo. Un bravo enemigo, que se alimenta del sufrimiento humano y de lo desconocido, y puede doblegar a cualquiera a voluntad. Es muy sencillo echar la culpa a la falta de valor para defenderse, sin embargo; quien posiblemente sea más cobarde, sea aquel que agrede y no quien sufre y no se defiende, ya que es necesario un tremendo coraje contar con unas alas que pueden ser desplegadas en cualquier momento, y no hacerlo, en tener la esperanza de que puede haber un cambio de actitud y que la pesadilla llegue a su fin; en ser un ángel, entre rejas de cristal, sin poder volar en libertad.

jueves, 11 de marzo de 2010

Artículo I -Heroes de ciudad-

Héroe, curiosa palabra. Valor, poder, virilidad, gloria, eternidad. El de héroe es un apelativo de gran prestigio, empleado a lo largo de toda la historia, ellos son quienes defienden la justicia, paladines de la gente corriente, protectores de la luz, emisarios del bien, cruzados en una interminable guerra contra la acechante oscuridad que día tras día acecha en lo más recóndito de la mente humana.

Desde luego cuando alguien piensa en la palabra "héroe"; se imagina a un altivo caballero, de bucles dorados al viento, brillante armadura y nobles ideales. Por lo general, estará montando sobre un orgulloso semental blanco, un fiel equino de incalculable nobleza y casta, que con sus potentes patas, propulsará la noble gesta que debe realizar su fiel compañero, que, brillante espada en mano, seguramente se juegue el tipo por defender unos ideales que ya son legendarios y que descansan en el bien sabido código del honor o de la caballería.

O al menos, eso era de esperar, ¿verdad?, si bien es cierto, que hoy en día, no hay ni mucho menos lugar para un caballo con barda por las asfaltadas arterias de una ciudad o de la pesada armadura de un guerrero en la terraza de una cafetería; sería al menos de esperar, que hubiese un sustituto, un reemplazo que comparta un fin parecido, para enfrentar a los males de la actualidad. Pues no, los héroes de hoy en día no llevan armadura; sus corceles son rampantes, de color negro y sobre el capó de un deportivo de color rojo; y mucho menos, se juegan la vida día a día.
Hoy en día, un héroe, es un futbolista que anota un tanto; es un cantante de pop que saca otro de sus repetitivos discos, que no son más que música enlatada, creada por multinacionales que buscan ganar dinero de forma maquiavélica; es una modelo, que de no encontrarse en el "primer mundo", se podría pensar que no tiene dinero para llevarse nada en la boca y que vive en la miseria; un héroe, es un actor quinceañero que no hace más que películas sin sentido para un público que solo va al cine para ver abdominales y rostros hermosos, en una sociedad, que cada vez tiene menos de social.

Una sociedad, que se cree lo suficientemente autoritaria, como para recluir en grupos a los que son diferentes: "cambiémonos de acera que por ahí vienen unos gitanos"," no entres en ese bar que lo frecuentas homosexuales, y no son personas","los amantes de la música heavy son todos unos drogadictos"; dicen, y la cosa aún sigue. Lo curioso está, en que los "raros" suelen ser los más tolerantes, sabios y los que tienen más parte de persona que de animal. Son los que saben que un héroe, es aquel autónomo o autónoma, que lucha día a día por su negocio, como si fuera un reino a defender; que ve que los enormes castillos de las leyendas, ahora son meros pisos en alquiler, y que el dragón al que hacer frente, es llegar a final de mes con unos míseros sueldos mileuristas; que son el fruto de un capitalismo injusto en todos los sentidos. Porque si estamos en el primer mundo, dentro de este, la gente de a pie, que es la gran mayoría, representa el escalafón más bajo, similar a los esclavos en la antigua Grecia, al plancton en la cadena alimenticia de las especies marinas, o mismamente, el tercer mundo.