jueves, 11 de marzo de 2010

Artículo I -Heroes de ciudad-

Héroe, curiosa palabra. Valor, poder, virilidad, gloria, eternidad. El de héroe es un apelativo de gran prestigio, empleado a lo largo de toda la historia, ellos son quienes defienden la justicia, paladines de la gente corriente, protectores de la luz, emisarios del bien, cruzados en una interminable guerra contra la acechante oscuridad que día tras día acecha en lo más recóndito de la mente humana.

Desde luego cuando alguien piensa en la palabra "héroe"; se imagina a un altivo caballero, de bucles dorados al viento, brillante armadura y nobles ideales. Por lo general, estará montando sobre un orgulloso semental blanco, un fiel equino de incalculable nobleza y casta, que con sus potentes patas, propulsará la noble gesta que debe realizar su fiel compañero, que, brillante espada en mano, seguramente se juegue el tipo por defender unos ideales que ya son legendarios y que descansan en el bien sabido código del honor o de la caballería.

O al menos, eso era de esperar, ¿verdad?, si bien es cierto, que hoy en día, no hay ni mucho menos lugar para un caballo con barda por las asfaltadas arterias de una ciudad o de la pesada armadura de un guerrero en la terraza de una cafetería; sería al menos de esperar, que hubiese un sustituto, un reemplazo que comparta un fin parecido, para enfrentar a los males de la actualidad. Pues no, los héroes de hoy en día no llevan armadura; sus corceles son rampantes, de color negro y sobre el capó de un deportivo de color rojo; y mucho menos, se juegan la vida día a día.
Hoy en día, un héroe, es un futbolista que anota un tanto; es un cantante de pop que saca otro de sus repetitivos discos, que no son más que música enlatada, creada por multinacionales que buscan ganar dinero de forma maquiavélica; es una modelo, que de no encontrarse en el "primer mundo", se podría pensar que no tiene dinero para llevarse nada en la boca y que vive en la miseria; un héroe, es un actor quinceañero que no hace más que películas sin sentido para un público que solo va al cine para ver abdominales y rostros hermosos, en una sociedad, que cada vez tiene menos de social.

Una sociedad, que se cree lo suficientemente autoritaria, como para recluir en grupos a los que son diferentes: "cambiémonos de acera que por ahí vienen unos gitanos"," no entres en ese bar que lo frecuentas homosexuales, y no son personas","los amantes de la música heavy son todos unos drogadictos"; dicen, y la cosa aún sigue. Lo curioso está, en que los "raros" suelen ser los más tolerantes, sabios y los que tienen más parte de persona que de animal. Son los que saben que un héroe, es aquel autónomo o autónoma, que lucha día a día por su negocio, como si fuera un reino a defender; que ve que los enormes castillos de las leyendas, ahora son meros pisos en alquiler, y que el dragón al que hacer frente, es llegar a final de mes con unos míseros sueldos mileuristas; que son el fruto de un capitalismo injusto en todos los sentidos. Porque si estamos en el primer mundo, dentro de este, la gente de a pie, que es la gran mayoría, representa el escalafón más bajo, similar a los esclavos en la antigua Grecia, al plancton en la cadena alimenticia de las especies marinas, o mismamente, el tercer mundo.